Mujyōkan. 72 haikus y un jisei

Mujyōkan. 72 haikus y un jiseiMujyōkan… Nada existe cuya forma permanezca. Todo es cambiante, efímero, finito. Ahí radica, precisamente, su belleza. Eso es lo que trata de atrapar este libro, que reúne 72 haikus y un jisei final, un breve poema de despedida escrito ante la certeza de la muerte. Instantes de belleza atrapados al vuelo por una mirada personal, rápida, única a la naturaleza que nos rodea, a momentos comunes y fugaces llenos de magia: la singularidad de un copo de nieve que cae, el aleteo de un pato en su azarosa migración, el zumbido de una abeja sobre una flor, el rugido de un trueno, el destello de una luciérnaga, el vuelo de una semilla, el golpeteo tedioso de la lluvia sobre un tejado. Instantes. Belleza en lo simple. Finitud. Puro Mujyōkan.

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Los misterios de la gata Holmes

La excelente prosa, el insólito desarrollo de la trama y el explosivo cóctel de horror y suspense, mantendrán al lector enganchado hasta la última página.

El detective Katayama tiene dos importantes problemas que le impiden ser un policía de primera: por una lado siente pánico ante la sangre, solo con verla se desmaya. Por otro, es tan tímido que es incapaz de hablar con mujeres.

A pesar de esto, deberá unirse a la la investigación del asesinato de una universitaria y le será encomendada la vigilancia de una residencia femenina de la universidad.

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Los caminos de Japón

El ser humano en todas partes, en Oriente, en Occidente ha tenido la necesidad de buscarse a sí mismo, de probar fortuna y de fortalecerse con las vicisitudes del viaje y la aventura. En Japón, el Musha Shugyo (武者修行), era el camino de aventura, peregrinaje, similar al de los caballeros errantes en Europa, que se realizaba en periodos ya remotos (Japón pre-Meiji y post-Meiji). Normalmente los viajeros que emprendían este camino eran luchadores de artes marciales que pretendían poner en práctica las enseñanzas que habían recibido. Uno de los viajeros de Musho Shugyo más célebres fue el samurái Miyamoto Musashi quien siendo apenas un muchacho fue de ciudad en ciudad y tuvo más de sesenta combates de los que salió victorioso.

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Natsume Soseki, el obstinado

“Si la gente se ríe de ti por ser inocente y sincero, entonces es que este mundo no tiene solución”. Natsume Soseki.

Natsume Soseki (夏目漱石) nació en Tokio en el seno de una familia samurái venida a menos en 1867, aunque fue criado por sus sirvientes hasta los nueve años porque sus padres se desentendieron de él. Pronto quedaría huérfano de madre, con sólo catorce años, algo que le marcó mucho y le llevó a refugiarse en los estudios. Presionado por su familia se matriculó en  la carrera de arquitectura en la Universidad Imperial de Tokio pero la abandonó para acabar estudiando Lengua Inglesa. Mientras estudiaba, en 1886, conoció al poeta Masaoka Shiki quien le descubrió e inició en el arte del haiku.SosekiPR

En esa época de estudios universitarios adopta el pseudónimo de Soseki, que en chino quiere decir terco, y es que Natsume fue un hombre obstinado. Obstinado porque se enfrentó a todo y a todos, familia incluida, para lograr su sueño de convertirse en escritor. Tras licenciarse en 1893 se dedicó a la enseñanza, primero en la Escuela Normal de Tokio, luego en la Escuela Secundaria de Matsuyama y finalmente en un instituto de la ciudad de Kumamoto. En este período conoció a Kyoko Nakane con la que se casó en 1896.

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